jueves, 1 de octubre de 2009

César Lucil
Tu fuego caminó parsimonioso
Oteando el horizonte y sus valles
Con tus venas de telarañas
Y tu palabra de buen vino

Y los que presenciamos atentos
La avanzada de tu verbo
Desciframos el secreto
De la palabra hermano.

Y en tu afán encendido
Por abrir los caminos perdidos
Dejaste tu huella tatuada
En las hojas de los arboles
en los pliegues de sus tallos
y se hicieron paredes de papiros
Piel de nuestras almas.

Y nadie tuvo privilegios ni fueros
Más que abrigarse a tu estilo
Para entender las ecuaciones comunes
De los misterios atrapados
En tus redes rojas
Que les dieron asilo

Muchos aún estamos a la cola
Siguiendo los senderos de la nobleza insinuada
Que quisiste dejarnos a cambio de una cerveza,
O de un treinta y uno de diciembre emborrachados,
Firmando actas eternas de hermandad.