jueves, 26 de febrero de 2009

ELECCIONES PRESIDENCIALES 2009. COMPETENCIA ENTRE ELITES POLITICAS



Estamos ante competencia de elites políticas electorales; las cuales se disputan palmo a palmo el “favor” del voto de los electores. Eso no es para nada extraño en un régimen político como el nuestro, el cual parece estar “intoxicado o blindado” por disposiciones que muy bien conectadas electoral y políticamente entre sí, están totalmente desconectadas de la voluntad real de los electores, a los cuales se “embriaga” cívicamente para que ejerzan su derecho de “Elegir”. Y bajo ese formato simple e irrompible; las elites parecen contentas, pero “El demos”, aunque no lo entiende, no lo está.

Los procesos electorales desde 1994, han sido ese reflejo; una competencia reñida y compleja, aderezada con la inagotable referencia al bien y el mal, al comunismo y al anticomunismo, pero sometida delicada y estilizadamente a los mejores deseos de las élites políticas. Eso ha permitido la pujanza, la estabilidad y la fortaleza que el régimen económico y político necesita para que los “Bussines” se realicen y por ello somos ejemplo.

Lo anterior explicaría de alguna manera, la tesis que una ú otra vez se ha barajeado, en el sentido que la Izquierda no quiere llegar al poder ejecutivo, tesis que ahora mismo se empieza otra vez a argumentar por algunos interesados en temas político electorales.
Y quizás haya algo de cierto en semejante postulado, que no por perverso, puede ser descartado. Ya que de tener algún asidero, no sería mas que la confirmación de que una y otra vez la izquierda institucional, se ha negado a poner sus mejores esfuerzos por gobernar, por estar demasiada atareada en administrar sin complicaciones el poder del que ahora goza.

Es sospechoso también, si lo visualizamos desde la radical pero conveniente perspectiva de que se necesita la construcción del poder alternativo, o al menos de formas nuevas de gobernar, que los gobiernos municipales del frente, no destaquen por la profundización de mecanismos de participación popular y que en su mayoría, pasen con pena y con poca gloria. Sugerente en ese mismo sentido, es el comportamiento de la bancada legislativa del frente. En ambos casos han sacado un diez, en cuanto a que han sido unos excelentes alumnos practicando un comportamiento políticamente correcto.

En tal sentido, y siendo discutible pero sosteniéndose por la practica política del frente, no es descabellado afirmar que esa formación política ha sido un buen alumno, aun cuando no ha sido querido por el profesor o profesora, y está muy bien aleccionado en participar activamente en el sistema político vigente, sin estorbar y sin causar “dolores de cabeza” al régimen económico y político. El frente está muy cómodo con su papel de actor político, usufructuando el favor de los electores y administrando ese poder político no para hacer transformaciones sino para mantener el Status Quo que se materializó con los acuerdos de paz, y que se consolida en cada elección.

Estamos ante una competencia de una elite contra otra elite, de ahí su coqueteo con el elector, el cual no cuenta para nada más que eso: Elegir cual elite mandará. Para el “demos” eso no significa nada. Sin embargo, para las elites significa todo, pero sucede que en esta competencia en particular; las elites se han tensado a tal extremo, que se escuchan los chirridos que provocan las maquinas próximas a destruirse por su uso exacerbado.

Que pasará luego de ese retumbo político? El demos no lo sabe y es peligroso, las elites no se lo imaginan y eso es terrible. Estamos hablando entre sordomudos. Debemos codificar un lenguaje.

Estamos ante competencia de elites políticas electorales; las cuales se disputan palmo a palmo el “favor” del voto de los electores. Eso no es para nada extraño en un régimen político como el nuestro, el cual parece estar “intoxicado o blindado” por disposiciones que muy bien conectadas electoral y políticamente entre sí, están totalmente desconectadas de la voluntad real de los electores, a los cuales se “embriaga” cívicamente para que ejerzan su derecho de “Elegir”. Y bajo ese formato simple e irrompible; las elites parecen contentas, pero “El demos”, aunque no lo entiende, no lo está.
Los procesos electorales desde 1994, han sido ese reflejo; una competencia reñida y compleja, aderezada con la inagotable referencia al bien y el mal, al comunismo y al anticomunismo, pero sometida delicada y estilizadamente a los mejores deseos de las élites políticas. Eso ha permitido la pujanza, la estabilidad y la fortaleza que el régimen económico y político necesita para que los “Bussines” se realicen y por ello somos ejemplo.
Lo anterior explicaría de alguna manera, la tesis que una ú otra vez se ha barajeado, en el sentido que la Izquierda no quiere llegar al poder ejecutivo, tesis que ahora mismo se empieza otra vez a argumentar por algunos interesados en temas político electorales.
Y quizás haya algo de cierto en semejante postulado, que no por perverso, puede ser descartado. Ya que de tener algún asidero, no sería mas que la confirmación de que una y otra vez la izquierda institucional, se ha negado a poner sus mejores esfuerzos por gobernar, por estar demasiada atareada en administrar sin complicaciones el poder del que ahora goza.
Es sospechoso también, si lo visualizamos desde la radical pero conveniente perspectiva de que se necesita la construcción del poder alternativo, o al menos de formas nuevas de gobernar, que los gobiernos municipales del frente, no destaquen por la profundización de mecanismos de participación popular y que en su mayoría, pasen con pena y con poca gloria. Sugerente en ese mismo sentido, es el comportamiento de la bancada legislativa del frente. En ambos casos han sacado un diez, en cuanto a que han sido unos excelentes alumnos practicando un comportamiento políticamente correcto.
En tal sentido, y siendo discutible pero sosteniéndose por la practica política del frente, no es descabellado afirmar que esa formación política ha sido un buen alumno, aun cuando no ha sido querido por el profesor o profesora, y está muy bien aleccionado en participar activamente en el sistema político vigente, sin estorbar y sin causar “dolores de cabeza” al régimen económico y político. El frente está muy cómodo con su papel de actor político, usufructuando el favor de los electores y administrando ese poder político no para hacer transformaciones sino para mantener el Status Quo que se materializó con los acuerdos de paz, y que se consolida en cada elección.

Estamos ante una competencia de una elite contra otra elite, de ahí su coqueteo con el elector, el cual no cuenta para nada más que eso: Elegir cual elite mandará. Para el “demos” eso no significa nada. Sin embargo, para las elites significa todo, pero sucede que en esta competencia en particular; las elites se han tensado a tal extremo, que se escuchan los chirridos que provocan las maquinas próximas a destruirse por su uso exacerbado.
Que pasará luego de ese retumbo político? El demos no lo sabe y es peligroso, las elites no se lo imaginan y eso es terrible. Estamos hablando entre sordomudos. Debemos codificar un lenguaje.