sábado, 21 de marzo de 2009

NICK RECLUTADO.
Nick salió de su casa, ajustado de dinero, pero sabiendo que una vez en la U el chelito, su responsable en las milicias urbanas le iba a resolver. Pensaba y no pensaba Nick por el camino, a bordo de un microbús de pasajeros que de san Martín Conducía al centro de san salvador, todo el lugar lleno de soldados del ejercito, con mayor presencia en la periferia de la Fuerza Área de El Salvador.

Llevaba Nick sus cuadernos. Ese día iba a una clase en la facultad de economía, pensaba que luego de la clase se iría a caminar por la dirección que le había dado su jefe en las milicias, pues en el lugar harían una operación militar. Siempre que salía de la casa de su primo allá por San Martín, lugar donde se albergaba, Nick tenía el temor de ser reclutado, pues a sus dieciocho años, era ya una posibilidad que eso sucediera, y eso le preocupaba pues a esa edad tenía también ya la amarga experiencia de haber paso por las cárceles del gobierno.

Menudo lio tendría si era reclutado y al hacerles la revisión que siempre habían los de inteligencia del ejercito, se percataban que había sido un preso político. Lo mas seguro es que pensarían que se quería infiltrar en el ejercito.

Ocasionalmente tuvo la idea de cambiar de residencia e irse donde cualquier otro colaborador, pero la vedad que en aquella situación de guerra, toda la ciudad era una fortaleza militar, y en cualquier lugar y a cualquier hora, sin esperarlo, así de repente, se ponían los retenes de soldados y defensas civiles a reclutar a los jóvenes para sustituir sus continuas bajas en las operaciones militares.

Así que continúo viviendo con su primo, solo que siempre procuraba viajar en horas en que quizás fuera mas improbable que le reclutaran, ya sea en la madrugada al despuntar el día, o por la noche, bien entrada la noche. Los retenes los ponían en las horas que los estudiantes iban a sus clases o cuando iban o venían de trabajar.

Así había pasado ya mas de un año en ese ir y venir, Nick, ya no iba a las marchas como antes, poco a poco se había separado de esas actividades, no acudía a la sociedad de estudiantes; siendo de las milicias populares su misión era otra, había pasado ya a la actividad militar, y operaba en la ciudad. Nick no era avezado en el arte militar, ni era esa precisamente su vocación, sin embargo las circunstancias políticas e ideológicas habían pesado lo suficiente en Nicolás como para atreverse a agarrar una pistola o una subametralladora, para combatir al régimen, en aquella desigual guerra civil.

A pesar de sus pocos dotes militares, a pesar de su poco entusiasmo en la faena militar, Nicolás hacía su mejor esfuerzo y lo hacía bien. Eso provocaría que pronto ascendiera en esa ruta militar y pasara a formar parte de los comandos urbanos Pedro Pablo Castillo, comandos urbanos a los cuales cualquier militante de la organización deseaba pertenecer , por su continua actividad, arrojo y valentía.

Aquel día Nick, con sus cuadernos bajo el brazo, recibía el viento que provocaba la velocidad del microbús, lleno como iba el microbús no se percató que cabal en el desvió de Apulo estaba un reten de soldados. Revisión de rutina quizás pensó Nicolás y se hizo un rápido chequeo para verificar que no llevara nada comprometedor, y en efecto lo único comprometedor que llevaba eran sus cuadernos, en los que se evidenciaba como estudiante de la Universidad de El Salvador.

Todos los hombres bájense ¡¡¡ dijo un soldado, que raudo caminaba dando ordenes al motorista para que rápido se hiciera a un lado y se estacionara. Todos los hombres se bajaron, y los soldados pedían la identificación, a los jóvenes nos iban haciendo a un lado; era evidente ya que se trataba de que el ejercito estaba reclutando jóvenes para convertirlos en soldados.

Adelante del microbús estaba el camión del ejercito ya casi a la mitad de jóvenes que solo esperaban a ver como poco a poco se iba llenando mas y mas.

Un muchacho que iba en el microbús, le enseño al soldado un carnet que acreditaba su pertenencia a una iglesia evangélica, el joven evangélico se la mostró con la idea de que le dejara ir , en el entendido que por ser evangélico no podía ir a la guerra ni convertirse en soldado. Para su mala suerte, el soldado al ver el carnet, se sonrió, y contento se puso a reír y le dijo: pero si de estos son los que queremos, y lo mando a subirse al camión.

Nicolás siguió la misma rutina; terminó subido en el camión, ahora si estaría en problemas. Si me dejan me voy a desertar con todo y el fusil pensó. No voy a quedar aquí se decía, mientras los llevaban rumbo a la base militar en Ilopango.
Una vez adentro de la base, los llevaron a un descampado, donde se podía observar la rutina interna, soldados que corrían en bloque gritando cualquier canción anticomunista, otras cuadrillas cumas en mano y peloncitos, limpiaban la maleza del cuartel.

Un oficial, teniente quizás, se subió a una especia de banco de madera y comenzó a hablarle a los potenciales reclutas que estábamos ahí. Hizo un discurso en el cual hablo de la defensa de la patria, de terroristas y de que nosotros estábamos en la obligación de defender a la patria de la agresión a que estaba sometida.

Paro su discurso y dijo: bueno ahora, los que quieran prestar el servicio militar levanten la mano, Del montón que estábamos ahí, unos cuarenta o cincuenta, mas o menos la mitad la levantó, incluyendo un señor de unos cuarenta años, que a saber como se lo habían llevado. El oficial se le quedo viendo y dijo: viejitos aquí no queremos, y el señor le dijo; pero mi teniente yo le quiero servir a la patria, el oficial, le vio detenidamente y luego nos dijo a todos: vean ese es ejemplo, el señor ya no esta en edad de estar aquí y sin embargo quiere quedarse, todos ustedes que no quieren servir a la patria son unas mamayitas.

Nicolás, estaba afligido, sobre todo porque, un soldado se le había acercado intimidándole, y cuando les vio los cuadernos a el y a otros que era evidente que iban a estudiar, les preguntó si iban a estudiar y a donde les pregunto; contestando los cuatro- eran cuatro con Nicolás- que a la Universidad Nacional. Ahhh dijo el soldado ustedes son comunistas entonces, ahí solo comunistas hay, ustedes van a las marchas verdad, y continúo diciendo í cosas por el estilo, lo cual inquietó aún mas a Nicolás, que miliciano como era y con antecedentes veía comprometida su seguridad.

Cuando el oficial les dijo que levanten la mano los que se querían quedar, Nicolás no hallaba que hacer, pues había escuchado a alguno de los que estaban ahí que dejaban a los que decían que no querían quedarse, pero corrió el riesgo y no levantó la mano.
El oficial, entonces ordenó que los que no se querían quedar en el cuartel, que se separaran del grupo, lo cual así se hizo, y luego ordenó a un soldado, y mira le dijo, que todas esas mamayitas se garren de la mano y que se vayan de aquí pero ya.
Jamás en la vida, Nicolás había agarrado de la mano con tantas ganas a otro hombre, y sentía que nunca salían al portón de la base, y para acabar de fregar el soldado seguía pegados a ellos diciéndoles que ellos eran de las FPL.

Quizás era clarividente, por lo menos en lo que a Nick se refería.
A la salida Nick suspiró hondo y se dirigió a la universidad, luego se reunió con su responsable y le contó los pormenores de lo sucedió. Puta tenes suerte Nick le dijo, el Chelito, de la que te salvaste. Se terminaron su café y cada quien siguió su camino a terminar la tarea encomendada.