jueves, 27 de noviembre de 2008

El dolor y la satisfacción de incorporarse al frente d eguerra en El Salvador

24/11/2008
Manuel era un campesino, que bordeaba los dieciséis años de edad, con sus manos cubiertas de callos y su joven rostro empañado por los rayos del sol, el polvo y la briza del campo. Las injusticias sociales y las desmedidas violaciones a los derechos humanos hicieron que su voluntad y sus ideales se enfilaran a entregarse a la revolución: conquistar un mejor bienestar para su familia y para todas aquellas que vivían en la miseria, así como, mejorar las condiciones políticas en el país, eran las ideas que se dibujaban en el “inmaduro” cerebro de aquel joven.

Un día de enero de 1989 Juan el padre de Manuel, se acercó a éste, y con voz tierna, pausada, y entrecortada, le dijo “me han dicho que te quieres ir a frente (frente de guerra), ¿es cierto eso?, interrogó el padre de Manuel. Manuel, observó a su padre, le vio a los ojos, y observó los gestos de su padre. Manuel en realidad quería evadir aquella conversación que su padre había iniciado. Observaba en los ojos de aquel padre una ternura, que expresaban una incredulidad, y esperaba que su oídos escucharan un “no” a la pregunta formulada.

Después de una pausa, el padre de Manuel, advirtió que aquella conversación no era agradable para ambos -padre e hijo-, sin embargo, como padre tenía la obligación de proseguirla hasta escuchar una respuesta. Así es que, reformuló la pregunta ¿soy tu padre y tienes que confiar en mí? , dijo don Juan, que a estas alturas su rostro ya expresaba un poco de tranquilidad y trataba de mostrar más seguridad y control en aquella conversación que aún no tomaba el curso esperado. Manuel al ver que era imposible evadir la conversación, respiró profundo y respondió “no le había comunicado por que todavía no me han confirmado el contacto, pero es cierto lo que le han dicho”. – En ese momento un silencio inundó a padre e hijo-. Mientras el padre trataba de asimilar aquella respuesta, Manuel, reflexionaba sobre lo bueno o malo de lo que había dicho.– Mira hijo, yo, ya estuve en el frente, vos lo sabe; ahí se sufre, se aguanta hambre, frio, lluvia y lo más seguro es que te maten. Mira, tú hermano ya no regresó (en referencia al segundo hijo que había muerto en un combate hacia cuatro años)- mi obligación como padre es advertirte, que ahí no vas ha vivir la vida, si no ha sufrir-, remató el padre de Manuel.- Un escalofrío infernal recorrió el joven cuerpo de Manuel, al escuchar aquellas sabias palabras de su padre, a quién realmente le creía lo que había dicho. –“Yo se que se sufre”, dijo Manuel en su ingenuidad, pues sólo había visto y oído en los noticieros como caían muertos los soldados y guerrilleros.

El padre de Manuel retoma la conversación y dice a Manuel. – Mi obligación es aconsejarte, pero el que tiene que tomar la decisión, eres tú. – Padre e hijo se ven a los ojos, ambos saben que es mejor estar en la casa aún contra toda dificultad, que exponer la vida en el frente de batalla.

Manuel responde al padre. – Yo, ya he tomado una decisión y es la de irme, yo le agradezco por los consejos que me ha dado –. En ese momento, padre he hijo se ven a los ojos, convencidos que ambos se están perdiendo. Las lágrimas se escapan de los ojos de aquel joven campesino, que aún sin haber estado en la guerra, ya se considera un guerrero; ignorando completamente que era realmente lo que le esperaba. El padre mientras tanto, trata de disimular el dolor que siente en su corazón, pues se imagina que su hijo se va y lo más seguro es que no vuelva ha verlo; como le pasó con su segundo hijos, que un día se despidió de él y no volvió ha verlo.

–Es tú decisión y no puedo detenerte, solo te pido que te encomiendes a Dios, y te cuides, fueron las palabras de aquel padre que aún no comprendía por que el destino le hacía enfrentar incómodas situaciones con sus hijos.

Una semana después Manuel se había ido para el frente (de guerra). Cuentan que logró sobrevivir, se reencontró con su padre, y aunque no viven juntos a menudo hacen reuniones familiares para tratar de reponer el tiempo que han pasado lejos.

El mensaje de Manuel para su padre y para todos aquellos que lo interrogan sombre lo bueno y lo malo de la guerra, es: “Cada día que pasa estoy más convencido de lo necesario que fue esa guerra, de la cual me enorgullece haber participado”. Manuel comprende que muchos dirigentes (comandantes) se pudieron haber aprovechado económicamente, pero los aportes políticos, sobre todo, que surgieron producto de esa guerra, contribuyen mucho al bienestar de las actuales generaciones, y seguramente para las futuras.

Lo ideal es evitar una guerra, aquí y en cualquier parte del mundo”, es el mensaje de Manuel.