viernes, 22 de agosto de 2008

EL ESPACIO DEL DERECHO

Seguimos con las entregas parciales, de los mandamientos del Abogado, que el maestro Couture nos ha legado.

Como arte, tiene sus reglas; pero éstas, al igual que todas las reglas
del arte, no son absolutas, sino que quedan libradas a la inagotable
aptitud creadora del hombre. El abogado está hecho para el derecho y
no el derecho para el abogado. El arte ¿el manejo de las leyes está
sustentado, antes que nada, en la exquisita dignidad de la materia
confiada a las manos del artista.

Como política, la abogacía es la disciplina de la libertad dentro del
orden. Los conflictos entre lo real y lo ideal, entre la libertad y la
autoridad, entre el individuo y el poder, constituyen el tema de cada
día. En medio de esos conflictos, cada vez más dramáticos, el abogado
no es una hoja en la tempestad. Por el contrario, desde la autoridad
que crea el derecho o desde la defensa que pugna por su justa
aplicación, el abogado es quien desata muchas veces ráfagas de la
tempestad y puede contenerlas.

Como ética, la abogacía es un constante ejercicio de la virtud. La
tentación pasa siete veces cada día por delante del abogado. Este
puede hacer de su cometido, se ha dicho, la más noble de todas las
profesiones o el más vil de todos los oficios.

Como acción, la abogacía es un constante servicio a los valores
superiores que rigen la conducta humana. La profesión demanda, en
todo caso, el sereno sosiego de la experiencia y del adoctrinamiento en
la justicia; pero cuando la anarquía, el despotismo o el menosprecio a
la condición del hombre sacuden las instituciones y hacen temblar los
derechos individuales, entonces la abogacía es militancia en la lucha
por la libertad.

Arte, política, ética y acción son, a su vez, sólo los contenidos de la
abogacía. Esta se halla, además, dotada de una forma. Como todo
arte, tiene un estilo.
En las proximas entregas. continuaremos con las enseñanzas del maestro Couture.