viernes, 10 de octubre de 2008

A LOS OIDOS DE ELIZA

Acuerdos de Paz. (i)

La teoría política y la teoría de la resolución de conflictos se enriquecieron con los Acuerdos de Paz que dieron fin a la guerra civil en el Salvador. De hecho el éxito formal de los acuerdos de paz en el desmontaje del conflicto civil, fue impecable; aún más: hizo que naciones unidas tomara nuevos aires en el tema de las relaciones internacionales. Su participación en carácter de mediador en la negociación, superó sus propias expectativas. Rotundo éxito.

Nosotros, en cuanto partícipes de base de esos acontecimientos, quizás tengamos opiniones sesgadas, o marcadas por nuestras propias ansiedades y fustraciones. Con esa advertencia pasamos a hablar sobre los acuerdos de paz.

Nosotros en aquel momento, Éramos poderosos. (teníamos un fusil en nuestras manos) y había una consigna por ahí que lo explica claramente ¡¡¡El poder viene de los fusiles!!!. En noviembre de 1989 habíamos realizado una ofensiva que puso las cosas claras: Nosotros no éramos una fuerza política y militar que pudiera dejar de verse con seriedad. En verdad teníamos acumulada una gran fortaleza, teníamos combustible para rato. El asesinato de los sacerdotes jesuitas, termino de desnudar la naturaleza asesina del ejercito que enfrentábamos y pintó con pelos y señales las condiciones morales de los políticos que conducían el país. En 1991 aún resonaban los ecos de la ofensiva de 1989, decir que fue una jornada épica se queda chiquito. En 1991 se desató otra ofensiva, no concentrada en la capital, pero igual de fuerte. Nuestra fuerza militar se hizo sentir desde un pueblecito de La Libertad llamado Chiltiupan hasta, los cuarteles de Chalatenango que por poco caen en manos guerrilleras. Nuestros esfuerzos de expansión eran exitosos: ya contaré algunas historias sobre ello. Pero la gente que nosotros visitábamos no necesitaba de mucho para entendernos. Ciertamente éramos formidables. Es claro que aún con esa fuerza, aun con esa moral, estábamos conscientes de nuestras propias limitaciones y estábamos conscientes que a estas alturas del conflicto, todo el entorno internacional, y el mismo cansancio del pueblo por la guerra nos estaban condicionando y encaminando a tomar decisiones que permitieran salir del conflicto, pues también estaba claro que no íbamos a ganar la guerra, no íbamos a tomar el poder por la vía armada, ( no por el ejercito salvadoreño sino por la ayuda del gobierno USA al Ejercito), la dinámica de la guerra iba finalizando y era necesario abrir otros espacios para continuar luchando por las transformaciones sociales desde otras perspectivas. Esa era mal que bien nuestra posición en aquella época. Convencidos de nuestra fuerza pero sabedores que era casi imposible triunfar militarmente. Y esa interpretación de la situación no significaba derrotismo alguno: más bien era la posición que nos reiteraba que antes que militares éramos políticos y que nuestra lucha antes que militar era política.

Por supuesto que las expectativas en los acuerdos de paz eran inmensas. Algunos combatientes logramos aún así, percibir los riesgos, sin embargo nos la jugamos. Los combatientes nos la jugamos y seguimos a los lideres insurgentes. Y nos las jugamos no solo por la credibilidad en nuestros comandantes sino porque también ya sentíamos la necesidad de un Oasis, de un poco de tranquilidad, de una cama donde dormir, necesitábamos saber que significaba ser legal, que significaba poder viajar en un bus sin temor a que la guardia te bajara… estábamos seguros que eso lo podíamos conseguir porque teníamos poder, ya nos habíamos hecho un nombre, teníamos presencia.

Pecados ideológicos a un lado, en realidad no teníamos idea de lo que pasaría con el sistema económico, no teníamos mayor idea de nada, quizás los mismos dirigentes no tenían claridad suficiente del desenlace, pero al fin y al cabo nosotros frecuentemente éramos audaces y a veces aventureros. Los acuerdos de paz fueron eso un ejercicio de finísima audacia y de aventurerismo ( teníamos la suficiente presencia para ello). Éramos hombres, mujeres y niños que después de mas de una década en franca rebelión, les podíamos sacar la lengua a los detentadores del poder y podíamos hacerlos que se sentaran frente a nosotros y que no pudieran mover un dedo para causarnos daño porque era peligroso meterse con nosotros.

Francamente el grueso de nuestros combatientes no tenían idea de que carambas era el marxismo y de que era eso de socialismo. ( Si hubiesen tenido idea, seguramente el partido FMLN no contara con ellos en estas fechas como sus adeptos, por no ser el FMLN consecuente ideológicamente con los postulados socialistas). La gran mayoría de combatientes eran campesinos que en su momento fueron reprimidos y a causa de esto empuñaron un fusil. (La gente con alguna formación ideológica era mas bien escasa en las fuerzas guerrilleras, y además no había tiempo de educar a la gente ideológicamente pues la guerra consumía los mejores esfuerzos de sus hombres y mujeres). En este blog ya hemos escrito una historia desclasificada que reiteramos para mayor ilustración aquí.

“Rafael, era solo un niño, chele, alto para sus catorce años, y bravo el jodido, bravo por su sangre. famosa era su familia en las faldas del cerro de guazapa. A puros corvazos se mataban en aquellos grandes pleitos del cantón.Los Guardias Nacionales, habían sacado carrera a su papá, un antiguo veterano de la guerra de las cien horas. Quedó solo con su mamá y sus hermanos más pequeños, él era el mayor.En una de tantas, junto a su madre y sus hermanitos pequeños, le tocó huir de su casa, internarse en las faldas del cerro, huir del ejército, que aplicaba aquel académico concepto de tierra arrasada.Así anduvo buenos meses. Corriendo de aquí para allá, Sobreviviendo. Cargando los costales con ropita de sus hermanos, apurándolos y cargándolos en aquellos oscuros y mojados caminos.

Renegando por tener que andar cargando un costal, y levantándole las cejas a cualquier bicha mocosa que se le atravesaba el camino. Ya le daba pena andar con el costal a cuestas. El Escuchaba atento lo que decían los mayores. Escuchaba quedito los sollozos de los campesinos a quienes les habían matado a su familia. No atinaba a decir nada cuando veía los cadáveres mutilados a la orilla del camino. Veía en silencio a su madre ayudar a la gente que tenía en ella a una líder campesinaPero se aburrió de andar huyendo. Le dijo un buen día a la mamá que se iba con los compas, que ya habían formado los batallones guerrilleros. Hay vea usted hijo le dijo la Mamá. Y el se fue. Cuando llegó donde el jefe del batallón guerrillero, este le preguntó ¿y que seudónimo queres usar? Rafael, el chele, que resultaría ser un gran guerrillero mientras aguantó, le dijo con su inocencia a cuestas……yo quiero llamarme Dabuisson.Por supuesto que nunca llegaría a llamarse así. Las urgencias de formar guerrilleros que supieran de armas, solo permitió decirle a Rafael de manera escueta que Dabuisson era un asesino.La única ideología que acompaño a Rafael, fue que su padre falleció en las estribaciones del cerro de guazapa, él trabajaba en los talleres de explosivos. la única ideología que lo acompaño a Rafael, fue que El batallón Atlacatl mató a mansalva a su madre. Y no se trataba de que quería vengarse, se trataba de que tenía que sobrevivir.Es probable que la anécdota desclasificada cause a mas de alguno una pequeña sonrisa: Pero fíjense ustedes que terrible es en realidad la cuestión: La exclusión social llevó a mucha gente a las armas… y no se trataba de ideología… se trataba de sobrevivir.”

Conste que Rafael era hijo de una compañera con formación en la teología de la liberación. La compañera Laura López, asesinada en las faldas del cerro de guazapa por el batallón atlacatl. Puya compa: si a lo que mas le huían los combatientes eran a las reuniones políticas y a la formación ideológica; a los compas les gustaba el combate, fajarse con el ejercito y quitarle sus pertrechos y luego usarlos, por dios que los compitas se alegraban de entrar en combate para eludir las reuniones políticas. ¿y entonces como es que podíamos mantenernos en rebeldía si ideológicamente no estábamos lo suficientemente preparados? Pues la rebeldía la mantenía el hecho que el ejercito era sanguinario, no solo al principio de la guerra sino hasta el final. ¿ y como se le iba a olvidar al compa hijo de Laura López que el ejercito asesino a su madre, si día a día se lo recordaban con los vejámenes que a diario cometían?. Viéndolo en retrospectiva, a veces me digo que los combatientes rebeldes lo único que queríamos era que nos dejaran en paz para poder hacer la milpa y el frijolar. O que respetaran nuestras ideas políticas, que pudiéramos ir a las marchas y que no nos reprimieran. Nosotros lo que estábamos haciendo era una revolución con ciertos tinte liberal ¿Por qué lo digo? Veamos si nosotros los combatientes queríamos estar tranquilos trabajando y si nuestros dirigentes históricos se conformaron con participar en elecciones y con ser funcionarios, entonces que quedo del ideario socialista: ¿verdad que poco?. Resultamos excelentes practicantes del ideario liberal. Igualdad y fraternidad eran los postulados en al revolución francesa

Aquellos que percibimos los riesgos , aquellos combatientes que observamos algunas cosas no dichas y algunas practicas no muy santas y mucho menos revolucionarias, no tuvimos espacios para nada. Los hechos se consumaron los acuerdos de paz se implementaron y las escuadras guerrilleras y los campamentos se convirtieron en comunidades. Ahí están ahora. Luchando por sobrevivir. Al principio a ciegas, porque aún con poco formación ideológica, todo redundaba en los valores que la guerra y la practica nos obligaban a asumir, como la solidaridad, pero esos valores fueron dando paso a otros como son el consumismo, el individualismo, la concentración de riqueza etc. En síntesis vemos como exitoso al compa que ha logrado acumular bienes materiales como sea, pero no logramos entender a aquel que aún esta en la “onda romántica” de la justicia.

Bueno a rasgos generales, así estábamos en la época de los acuerdos de paz. Posteriormente comentaremos de la aplicación de los mismos, según nuestra percepción: Éramos una fuerza guerrillera fuerte, vigorosa, con una gran moral, afincada en su convicción de la justeza de su lucha, pero débiles ideológicamente hablando. Creíamos en nuestros comandantes, fuimos sumamente disciplinados, teníamos credibilidad entre las organizaciones sociales, ninguneábamos al ejercito, pero también estábamos cansados de la guerra, y se escuchaba bonito eso de los acuerdos de paz.